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Allí fuimos los bomberos, la prensa y nosotros y cómo no, quien iba a bajar al pozo a por el perro: pues si no podía ser otro que nuestro héroe particular Jimmy, experto en perros y pozos. Empezamos todo el dispositivo y cuando Jimmy había bajado un par de metros tuvo que subir a por el equipo de oxígeno debido a la presencia de gases, gases de muerte provenientes de los cadáveres de animales fundamentalmente perros, que no habían sido tan afortunados de ser escuchados a tiempo en sus lamentos. Una vez llegado abajo le mandamos una jaula y allí metió al perrito. Le sacamos y resultó ser una pequeña criatura de no más de 8 kilos que, aparte de una sed terrible y algunas garrapatas, estaba perfectamente. Pero eso si, hemos notado que tiene una ansiedad por separación tremenda y que no le gusta nada estar encerrado, solo quiere estar con gente y si es en brazos mucho mejor. No tendrá más allá de un año y va a necesitar una familia que le pueda dedicar mucho tiempo y probablemente con niños para que le cansen ya que tiene una energía terrible.
El pozo tiene unos 12 metros de profundidad y está en un pinar bastante retirado. Después de subir el perro, Jimmy estuvo mirando dentro del pozo para confirmar que allí había una gran cantidad de cadáveres, animales que no tuvieron la suerte de ser escuchados a tiempo. Supongo que en algún momento, alguien con poder en este país mandará cerrar todos esos pozos de muerte.
Perros y pozos, una desgraciada combinación y en este país hay demasiados pozos. Menos mal que de vez en cuando la suerte hace que alguno sea escuchado y que podamos contar con Jimmy para rescatarlos, pero no quiero ni pensar en los miles y miles de pozos repartidos por nuestra geografía y que no tienen a nadie que pasee cerca de ellos. Gracias Jimmy y si alguien con poder en este país lee alguna vez esto, por favor, clausuremos estas cámaras de gas del siglo XXI tan típicas y por otro lado tan peligrosas.
Fermín
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