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Fueron sus ojos conmovedores los que me prendaron.
Cuando por primera vez vi las fotos de los galgos españoles, fue la mirada en sus ojos lo que me llegó al corazón. Ojos que hablan de miedo y de tristeza, ojos a la espera de una vida que les ofrezca seguridad y amor. Yo estaba inspirada por el hecho de que un pequeño grupo de gente muy especial dedicaba su vida a rescatar galgos de la crueldad y el abandono.
Hice lo poco que pude para ayudar económicamente y desde lejos. Pero lentamente, la idea de la adopción de un Galgo comenzó a cristalizar en mis pensamientos. Cada vez que rechazaba la idea por imposible - vivo en un apartamento en una ciudad bulliciosa, en un edificio sin ascensor, y tengo un gato. Pero la idea siguió creciendo y adquirió vida propia. Así que empecé a hacer algunas investigaciones para averiguar si realmente sería posible. Finalmente, tuve que escuchar la voz de mi corazón, y decidí que quería ofrecer un hogar a una de estas magníficas criaturas. Lo tenía claro que quería adoptar uno de Scooby, y quería un macho porque es más difícil para ellos encontrar hogares.
El día llegó y Ciro hizo el viaje desde España a Holanda. Ciro era inseguro y existían algunas dudas acerca de si nuestra casa sería buena para él. ¡Yo estaba tan entusiasmada por reunirme con él después de todo los meses de soñar y de planificar! Mi primer pensamiento al verle fue cuán hermoso era, pero era demasiado tímido para permitirme que me acercara. Sin embargo, muy pronto y con paciencia y tranquilidad y con algunas chuches como premio, me permitió que le cuidara. Fuimos a dar un paseo con los voluntarios de GINN y algunos de los otros galgos. Ciro me aceptó rápidamente y me sentí profundamente honrada por haberme ganado su confianza.
Ahora, hace dos meses que está en casa. Su nuevo nombre es Zuki. Su personalidad cada día se abre más y su vínculo y la confianza con nosotros crece constantemente. Se porta perfectamente bien y es muy limpio en casa ¡desde el primer momento! Es maravilloso con nuestro gato y no tiene miedo de él. Bajó las escales de caracol del edificio cuatro veces el segundo día y, en breve, conseguimos que volviera a subirlas sin recompensa alguna. No tiene miedo del ruido del tráfico en las calles tan concurridas de la ciudad y es muy bueno en la correa. Le encanta conocer gente, a los niños y a otros perros. De hecho, quiere decir "hola" a casi todas las personas que pasan por la calle por lo que es muy popular en nuestro vecindario. He hecho nuevos amigos gracias a él, ¡simplemente porque a todo el mundo le gusta tanto! Le encanta viajar en coche y al estilo holandés, o sea, en la cesta de la bicicleta. Le llevamos a un parque cercado para que corra libre y sin correa y después nos expresa su alegría, pura como él, dando carreras a gran velocidad por todo el campo y con una enorme sonrisa en su cara. Ahora es tan feliz. Cuando vuelve a nosotros, nos saluda sacudiendo todo su cuerpo, desde la punta de su nariz hasta la punta de su cola, baila y hace cabriolas como si fuera un caballo y nos sonríe. Lo único que todavía le queda por aprender es convencerle de que no tiene que llorar cuando nos vamos porque siempre vamos a volver.
Y pensar que este es el principio de nuestro camino juntos, y ¡todavía hay tantos tesoros por recibir! Es una de las mejores decisiones que he tomado, escuchar la voz persistente en mi corazón, y reconocer la verdad en esos ojos tan conmovedores.
Laura Zonia, Ed Schenk y Zuki Amsterdam, Países Bajos |