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Estas pequeñas criaturas y sus colegas los vietnamitas, han ido creciendo en la pradera grande del refugio. Pero el tiempo no pasa en balde para nadie, para ellos tampoco. Se han hecho mayores y uno de sus hobbies es hacer agujeros en la pradera por lo que están acabando con la hierba de pasto de los burritos. Así que hemos decidido hacerles una nueva casa donde estén cómodos, puedan cobijarse del frió y puedan seguir jugando a hacer agujeritos. Edu puso manos a la obra y en una semana les construyo su nuevo hogar.
Pero no se acababa ahí el trabajo, una vez construido el nuevo recinto había que meterlos y es entonces cuando comenzó la fiesta. Ya estábamos preparados y convencidos que nosotros correríamos más que ellos y los podríamos atajar y, efectivamente, con el primero pudimos, con el segundo también pero con el tercero nuestro corazón ya latía en la garganta. Así que decidimos acorralarles contra las vallas y poco a poco ir acorralándolos. Y así conseguimos meter a los cerdos comunes, pero sus colegas los vietnamitas no estaban dispuestos a ponérnoslo fácil y, después de muchas carreras, Ghani vino a ayudarnos pero aun así eran cinco contra tres. Tuvimos que parar a descansar y esperar a que nuestra respiración volviera a ser más o menos normal e intentamos otra técnica. Les fuimos cogiendo de uno en uno pero se negaban a andar por lo que tuvimos que cogerlos de las patas traseras y llevarlos como si fueran un carretillo. Se enfadaron un poco y nos dirigieron alguna que otra palabra. Pero su mal humor se les paso cuando vieron que les metíamos en una praderita para ellos solos. Ahora están muy contentos porque son los reyes del lugar.
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