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LUNA es una galga de “deshecho”, así catalogada por sus antiguos propietarios, la cual llegó al refugio de Scooby, en condiciones lamentables. Todos conocemos la entrega de Fermín y Mª José en el refugio, pero a pesar de su gran labor, a veces les sobrepasan la crueldad de los “propietarios” de perros con sus “hazañas” sobre todo con los galgos.
El referirme a LUNA como deshecho, es sinónimo, para nosotros, de VALIA y de convivencia en una labor diaria, y así lo ha demostrado con los Mayores afectados por la enfermedad de Alzheimer, que como es bien sabido, es una enfermedad neuro-degenerativa grave, afectando tanto al que la padece como a su entorno familiar, destruyendo la convivencia y casi siempre sumiéndolos en la apatía, en todos los aspectos de su vida.
LUNA, realiza esta labor tan importante de terapia, a la vez que casi sin entrenamiento especial, que ella la desarrolla perfectamente por instinto. Me refiero a su excelente y comprensivo trato, cariñosa y selectiva, intuyendo el estado de animo en que se encuentra la persona a la que se acerca a solicitar una caricia o una palabra de afecto para no abrumarlos con su insistencia.
Pido disculpas, me he adelantado en la semblanza de LUNA. Fue una de tantas veces al visitar a Fermín y Mª José en Scooby, cuando les pedimos que nos cedieran un perro/a tranquilo por que queríamos incorporarlo a nuestro Centro de Día ( Alzheimer ) para ayudar a nuestros usuarios en su terapia. Mª José, se involucró rápidamente en este plan, y como siempre colaboró, como la “madre de todos” que es. Muy ufana, nos presentó a una perra galga de color desvaído, con el hocico y el pecho desviado, mordida infinidad de veces en los cuartos traseros, coja de la pata trasera izquierda, asustadiza, pequeña de tamaño y sola en el chenil.
La estampa de LUNA no era para enamorarse a primera vista, la verdad, era más bien para no tomar en consideración su adopción, si solo nos hubiéramos fijado en su aspecto exterior.
He de decir que en aquel momento yo pensé que no podría adaptarse a la labor que de ella se esperaba. Tomando en consideración los trances tan amargos que habría pasado, además de la lamentable situación física en la que se encontraba por las experiencias vividas y suponiendo que su carácter habría sufrido graves daños.
Pero, siempre he tenido el convencimiento de que aunque creamos que podemos elegir, nuestro destino está trazado en casi todos los ordenes de nuestra vida, máxime cuando se trata de los “compañeros” que han de acompañarte en este “viaje” que es la aventura de vivir.
Así fue como mi esposa Virginia, (otra defensora de causas perdidas), al ver a LUNA, intuyó que con la perrita, podría hacer válida su convicción de que UN GALGO, puede desarrollar al igual que otras razas, la función para que la queríamos, e ilusionada por haber visto en LUNA algo especial, dijo que LUNA se venia con nosotros y que había encontrado a su colaboradora-terapeuta para nuestros Mayores del Centro de Día.
Para poner en forma a LUNA, esta tuvo que pasar por el quirófano, en cuya intervención, se retiraron astillas de la cabeza del fémur el cual estaba tan destrozado que los restos del mismo tuvieron que ser retirados minuciosamente por el cirujano. El Veterinario nos informó, que esta destrucción tan brutal, era debida a un potentísimo impacto que había molido prácticamente la cabeza del fémur y para evitar que las astillas del hueso siguieran dañando músculos y produciendo dolores muy intensos que la impedirían andar y hacer una vida normal, hubo de extirpar gran parte de hueso. También se la suturaron las heridas que traía y una revisión completa incluido baño, desparasitaciones etc..
Tras la convalecencia y mucha fisioterapia para que la patita de LUNA recuperara la movilidad, pudimos constatar que nuestra amiga se va a quedar coja de por vida, esta circunstancia, nos da igual a toda la familia, no obstante ella trata de suplir su impedimento con mostrarnos un apego y un cariño especial a todos nosotros. La manera tan curiosa que tiene para demostrarnos su cariño es dándonos pequeños mordisquitos en las manos o donde la viene mejor, siempre sin que sus colmillos hayan causado ninguna molestia a ninguno de nosotros, o sea a su familia. Así que decidimos que en familia la llamáramos “Mordisquitos”, dándonos la alegría que atiende por los dos nombres.
No quiero extenderme en resaltar las bondades de LUNA, sólo recuerdo la estampa tan maravillosa que nos regaló el primer día que la presentamos a los Mayores de nuestro Centro de Día. Fue algo inenarrable su “Presentación en Sociedad”, parecía que había estado haciendo Terapia toda su vida, pues fue saludando uno a uno a los CUARENTA mayores que componen nuestro Centro, como si estuviese impregnándose o grabando la imagen individual de cada uno de ellos. Después se acercó a los más apáticos y trató de entablar una empatίa individualizada con cada uno de ellos. Debo decir que consiguió su objetivo en el NOVENTA y NUEVE %, de las personas, menos en una sola que por su afección es muy especial en su vida cotidiana.
Queremos resaltar, que esta primera vez, la dejamos sin la trahilla y que no necesitó ninguna orden expresa nuestra para conseguir que estas personas se disputaran el poder acariciarla, y que les dedicara a cada uno más atención que a los demás. De hecho, se suscitaron pequeñas disputas sobre la “propiedad” que tenían sobre LUNA, a tanto llegó la situación que los bollos del desayuno ninguno los tomó y se los guardaban en el bolsillo para chantajear con ellos a la perrita para que les hiciera más caso que a los demás. Esta situación fue resuelta entregando a cada persona una galleta para que las dieran a la perrita y tomaran ellos su desayuno completo. Hay que tener en cuenta que son 40 personas, aquel día LUNA tomó más galletas de las necesarias, pero sabiendo que era su “inauguración” como terapeuta.
A la hora del paseo que realizamos con ellos, cuando el tiempo lo permite, el comportamiento de LUNA, fue excepcional, permitiendo a cada una de las personas que la paseaba en la calle sentirse cómoda, manteniéndose a su lado sin que en ningún momento diera señales de asustarse ni de dar tirones, y siempre pendiente de quien la llevaba.
Esta es la labor diaria de Luna, la cual realiza excepcionalmente bien y además ha aprendido por si misma, que cuando se siente agobiada por exceso de cariño, los deja y se viene al despacho de Dirección hasta que pase un poco la “tormenta” y después vuelve a su acostumbrada ronda de visitas.
En nuestro hogar conviven con nosotros dentro de casa, (no en la parcela), ocho amigos de cuatro patas más dos gatos pues hace treinta y cuatro años que decidimos compartir nuestras vidas con ellos y seguiremos haciéndolo.
En esta historia no he tratado de tocar el corazón de los que leen esta semblanza, sólo he querido mostrar que el gran amigo que es el GALGO sirve para algo más que ser “el juguete “ de quita y pon de esos individuos, carentes de sensibilidad para respetar una vida aunque sea “animal”.
Deseo que cada persona encuentre el compañero o compañera de cuatro patas para este viaje que todos debemos realizar tanto si nos gusta como si no.
Saludos, Luis
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